EL NIÑO 2026: IMPACTO GLOBAL, RIESGOS DE DESASTRES Y CÓMO PREPARARSE PARA HACERLE FRENTE 

“El Niño” comienza a modificar el mapa mundial de riesgo. Olas de calor, sequías, incendios, inundaciones y cambios en la actividad ciclónica podrían multiplicar los siniestros causados por este fenómeno. El reto para empresas y gobiernos no es solo indemnizar pérdidas, sino anticiparse, reducir la exposición y convertir la información climática en decisiones de gestión de riesgos.

“El Niño” ya se ha instaurado en el Pacífico tropical y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que evolucione rápidamente hacia un episodio intenso entre julio y septiembre de 2026. Además estima que continuará fortaleciéndose durante los próximos meses, y que podría alcanzar su apogeo entre noviembre y febrero del 2027.

El fenómeno de “El Niño” no se trata solo de una anomalía en la temperatura del océano. Su regreso representa, en los hechos, una modificación del escenario global de riesgos.

La OMM había advertido desde junio que existía un 80% de probabilidad de que “El Niño” se instalará entre junio y agosto de 2026, mientras que la probabilidad de que las condiciones se consolidaran al menos hasta noviembre se situaba en 90%. Un mes después, el escenario del organismo comenzó a materializarse.

Los modelos climáticos analizados por la OMM muestran un calentamiento constante de las temperaturas oceánicas en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Las anomalías medias estacionales de la temperatura superficial del mar podrían superar los 2°C en regiones clave de vigilancia, mientras que la probabilidad de registrar temperaturas oceánicas superiores a lo normal en una amplia zona del Pacífico ecuatorial oriental supera el 80 por ciento.

Celeste Saulo, Secretaria General de la OMM, resume la dimensión de los riesgos que se avecinan: “Esto aumentará las probabilidades de sequías y lluvias intensas, así como el riesgo de olas de calor terrestres y marinas en muchas regiones del mundo”.

Su advertencia tiene importantes implicaciones económicas. Y es que “El Niño” de 2023-2024 fue uno de los cinco más intensos registrados y contribuyó a las temperaturas mundiales sin precedentes observadas durante 2024. Pero, ahora, un nuevo episodio más intenso emerge sobre un planeta sobrecalentado, con sistemas productivos altamente interconectados, infraestructuras sometidas a estrés climático y crecientes necesidades financieras para atender desastres.

Fuente: OMM. Comunicado de Prensa 03/07/2026

¿QUÉ ES “EL NIÑO” Y CÓMO SE DIFERENCÍA DE “LA NIÑA”?

Como explica la OMM, “El Niño” y “La Niña” son las dos fases opuestas del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), uno de los motores más influyentes de la variedad climática interanual. Mientras que “El Niño” corresponde a la fase cálida del sistema y “La Niña” a la fase fría, ambas alteran la circulación atmosférica, las lluvias y las temperaturas en diferentes regiones del planeta.

“El Niño” comienza en el Pacífico ecuatorial, a miles de kilómetros de las ciudades, carreteras, cultivos y empresas que finalmente pueden sufrir sus consecuencias. Por su intensidad, la OMM clasifica sus episodios en “débiles”, “moderados” o “muy fuertes”.

Durante “El Niño”, las temperaturas superficiales del mar aumentan por encima de sus valores normales en las regiones central y oriental del Pacífico ecuatorial. Este calentamiento modifica los vientos y la circulación atmosférica, provocando cambios en los patrones de temperatura y precipitación a escala mundial.

“La Niña” produce el fenómeno contrario. La superficie del océano en la misma región experimenta un enfriamiento a gran escala, acompañado de condiciones atmosféricas generalmente opuestas.

Los episodios de “El Niño” suelen producirse cada dos y siete años, durando entre nueve y 12 meses. Pero existe una precisión fundamental para la gestión de riesgos: nunca hay dos episodios iguales.

La intensidad, duración y consecuencias dependen de la interacción del ENOS con otros factores climáticos, como el dipolo del Océano Índico y las condiciones del Atlántico. Por ello, conocer la existencia de “El Niño” no permite predecir exactamente dónde ocurrirá el próximo desastre.

Fuente: OMM. Comunicado de Prensa 02/06/2026

¿QUÉ REGIONES ENFRENTAN MAYORES RIESGOS POR “EL NIÑO” 2026?

En términos generales, “El Niño” 2026 podría aumentar la probabilidad de olas de calor, sequías, incendios forestales, lluvias intensas, y cambios en la actividad de los ciclones tropicales. Sin embargo, sus efectos serán diferentes según la región.

Para el Global Seasonal Climate Update, la probabilidad de que las temperaturas sean superiores a la media en casi todas las zonas pobladas fuera de las regiones polares es sumamente elevada. Y sus proyecciones de lluvias superiores a lo normal abarcan el Pacífico ecuatorial central y oriental, mientras que para Australia, partes del Océano Índico tropical y el subcontinente indio prevé precipitaciones inferiores a la media.

En África, los mapas de perspectivas estacionales revelan que las zonas próximas al norte del Golfo de Guinea podrían recibir lluvias superiores a lo normal, mientras el Cuerno de África enfrentaría condiciones más secas. Europa también muestra un patrón dividido, con probabilidades de lluvias superiores a lo normal en el sur e inferiores en el norte.

De este lado del continente, América Central, el Caribe y el noroeste de Sudamérica podrían registrar lluvias inferiores a los valores normales. En contraste, algunas regiones del suroeste de Estados Unidos presentan mayores probabilidades de precipitaciones superiores a la media.

En concreto, para México, la Conagua dice que “El Niño” 2026 estaría posicionándose entre los episodios más intensos registrados desde 1950. Por ello, contempla que el país podría enfrentar cambios en la distribución de lluvias, mayor actividad de frentes fríos durante el invierno y un periodo de temperaturas elevadas hacia marzo y abril del próximo año.

Uno de los impactos más relevantes de “El Niño” ocurre en las cuencas ciclónicas. Por lo general, este fenómeno dificulta la formación de huracanes en el Atlántico Norte, pero favorece la actividad ciclónica en el Pacífico Oriente y la formación de tifones en el Pacífico Noroccidental, aunque no desaparece el riesgo de huracanes en el Atlántico.

Fuente: OMM. Comunicado de Prensa 03/07/2026

¿CÓMO DEBE PREPARARSE EL SECTOR CORPORATIVO Y GUBERNAMENTAL ANTE EL IMPACTO DE “EL NIÑO”?

Interpretar “El Niño” exclusivamente como un multiplicador de desastres naturales podría ser insuficiente. De hecho, este fenómeno es un riesgo sistémico porque sus efectos pueden propagarse simultáneamente por la agricultura, la energía, la salud, las cadenas de suministro, las infraestructuras, las finanzas públicas y los seguros. 

Desde esa óptica de un riesgo sistémico capaz de generar siniestros correlacionados en diferentes geografías, industrias y líneas de negocio, hay siete acciones prioritarias que deberían seguir empresas, aseguradoras, organismos y gobiernos ante el apogeo de “El Niño”:

  1. Actualizar mapas de riesgo y modelos catastróficos con información climática prospectiva.
  2. Identificar concentraciones geográficas y sectoriales de valores asegurados.
  3. Realizar pruebas de estrés sobre capital, reservas, liquidez y reaseguro.
  4. Preparar capacidad extraordinaria para gestionar picos de siniestros.
  5. Fortalecer sistemas de alerta temprana y protocolos de comunicación.
  6. Desarrollar instrumentos de financiamiento anticipado y transferencia del riesgo.
  7. Invertir en infraestructura resiliente y medidas de prevención que reduzcan las pérdidas antes del desastre. 

Encarar “El Niño” con un enfoque sistémico podría ahorrar “dolores de cabeza” y evitar pérdidas millonarias. Porque el costo de los desastres no comienza cuando llega la tormenta, la sequía o la inundación; comienza mucho antes, cuando las señales estaban disponibles y nadie las convirtió en decisiones.

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                                                                                                                                                                      Por Guadalupe Rico Tavera